Alberto Berasategui y la primera final española de la historia en Roland Garros: “Estaba más nervioso por cómo saludar a la reina que por el partido”

Alberto Berasategui y la primera final española de la historia en Roland Garros: “Estaba más nervioso por cómo saludar a la reina que por el partido”

Alberto Berasategui (Bilbao, 50 años) fue la sensación de Roland Garros 1994. “Derechategui”, “Arrasategui”, decían las portadas sobre un tenista que usaba una empuñadura peculiar y única para su golpe de derecha que arrasó en ese torneo hasta que en la final no pudo con Sergi Bruguera, el rey de la tierra por entonces. Han pasado 30 años de la que fue la primera final del Grand Slam parisino entre dos españoles. Después vendrían las de Corretja y Moyá (1998), Albert Costa y Juan Carlos Ferrero (2002) y Rafa Nadal y David Ferrer (2013). Berasategui no volvió a llegar al último partido en París, en parte limitado por los problemas de calambres que sufría. Acabó su carrera con 14 títulos y se retiró joven, con 28 años.

 

¿Cómo fueron sus comienzos en el tenis?

Empecé porque mi padre es un gran aficionado al tenis. Él jugaba y nos inició a mí, a mis hermanos y a mi hermana. Yo soy el pequeño de cuatro hermanos y fui el único que seguí jugando, en Bilbao, donde en aquel entonces no es que hubiera mucha afición al tenis, pero por mi padre y por su afición así empecé. Y luego ya más tarde, cuando cogí cierto nivel, empecé a jugar los típicos torneos regionales, campeonatos de España, porque ya era el mejor de la zona del País Vasco, sobre todo de Vizcaya; y con 13 años es cuando me lo tomé un poco más en serio y me marché a Estados Unidos.

¿Se fue a EE UU?

Sí, sí. Adquirí cierto nivelito y si quería mejorar tenía que… En aquel entonces el tenis prácticamente estaba en Cataluña, y era o Cataluña o marchar al extranjero, y más quizá mis padres que yo, porque con 13 años poca decisión tienes, eligieron Estados Unidos porque si no llegabas a ser tenista un día, que era lo más probable, tenías los estudios y el inglés. Fui solo, a Florida, creo que era el año 86 u 87, y allí estuve tres años. Volvía en verano, y el resto del año estaba allí en una academia en la que estudiaba y jugaba a tenis.

Lo de ir a Estados Unidos ahora se lleva mucho.

Hoy en día es una muy buena alternativa para los que tienen dudas de si quieren dar el salto al tenis profesional, porque puedes jugar allí el campeonato universitario y por equipos, y te tratan casi como un profesional, se lo toman muy en serio. Es verdad que yo tenía 13 años, aunque ya el último año me estaban preparando para la Universidad, iba a ir a la de Georgia, ya había hecho la solicitud, lo que pasa es que le habían dado las olimpiadas a Barcelona y un verano que vine quedé campeón de España del Manuel Alonso, que es el infantil, y a raíz de eso la Federación me llamó y me quiso fichar e hicieron un grupo de competición, que era el Equipo Bimbo. Se llamaba así porque la marca Bimbo era patrocinadora del tenis en los Juegos, y se montaron grupos de competición a nivel infantil, y se creo un grupo de competición a nivel cadete donde estábamos Albert Costa, Álex Corretja, Gisbert, Jairo Velasco, Álex Bragado y Juanse Martínez, creo que éramos el grupo. Ellos se hacían cargo de todo, entrenamientos, colegios, viajes y, bueno, pues, nos cambió un poco el enfoque de por dónde tirar, porque era la oportunidad de entrenar con los mejores de aquel entonces, y encima no tenías que desembolsar nada, que eso también contaba.

[[QUOTE:PULL|||”Se creo el Equipo Bimbo y me volví a España: íbamos por el metro en Barcelona, todos de blanco, chándal Bimbo… Parecíamos repartidores”]]

Menudos nombres…

De ese grupo Albert [Costa], Álex [Corretja] y yo fuimos profesionales, Gisbert se quedó a las puertas de entrar entre los 100 primeros, si no lo hizo. Entrenábamos en Barcelona y quizá esa decisión hizo que fuera profesional. Creo que fue la acertada.

Había hasta cromos de Bimbo, con caricaturas.

Incluso la ropa con la que jugamos era ropa Bimbo, y los chándales. Íbamos el grupo entero, por aquel entonces cogíamos el metro o el autobús por Barcelona: íbamos después de entrenar, cada uno a sus casas, yo estaba con la familia de uno de los integrantes del equipo, y parecíamos repartidores: de blanco y encima Bimbo… Teníamos muy buenos entrenadores también: Javier Duarte, Manuel Orantes y Toni Moure, y creo que gracias a ellos, que hicieron un gran trabajo, algunos fuimos profesionales.

Ha llegado el momento de hablar de su derecha.

Venía ya cuando entrenaba en Bilbao. Al principio cogía la raqueta como todo el mundo, normal, pero como era pequeñito y no tenía mucha fuerza, poco a poco se me fue girando la empuñadura y me daba la sensación de que desarrollaba un poco más de potencia pegándole de esa forma, y con un poquito más de efecto liftado, de “topspin”, y hacía daño. Y, bueno, poco a poco me fui quedando con esa empuñadura más abierta, o más cerrada, según cómo se mire, y al final me quedé con ella. Me la intentaron cambiar en Estados Unidos. Allí pensaron que con esa empuñadura jamás iba a llegar a nada; es verdad que también tuve algún problema de codo, lo típico de entrenar mucho o que no estás musculado o que tienes codo de tenista, y pensaban que igual era por la empuñadura, pero no tenía que ver porque en cuanto se me fue este pequeño dolor nunca más volví a tener lesiones ni en la muñeca ni en el codo. Es verdad que me beneficiaba en algunas superficies y en otras sufría un poco más. En pistas muy rápidas, pues me costaba un poquito más.

[[QUOTE:PULL|||”La forma como yo daba la derecha no se puede enseñar”]]

Es un golpe que nadie más daba ni ha dado…

La derecha parecida quizá, no igual exactamente, pero sí era parecida la de Jim Courier. Lo que era más curioso en mi caso es que golpeaba la derecha y el revés con la misma cara de la raqueta y no cambiaba de empuñadura, usaba la misma para la derecha y el revés. Es verdad que no ha habido ningún jugador o jugadora que yo conozca que la utilizara.

Sí se ha visto a jugadores como Santoro jugar siempre a dos manos.

Sí, algunos más han jugado con las dos manos, eso sí lo he visto, y también es curioso y raro. Hubo un chico en Valencia que jugó con la misma empuñadura que yo, sobre todo de derecha, de revés era un poco diferente, pero no llegó a ser profesional. A mí me iba bien, pero eso no se enseña. Igual hay que tener ciertas características: yo aceleraba muy rápido, me movía muy rápido de piernas y todo eso me ayudaba a que la pudiera golpear bien. Al final en el tenis se dan golpes raros, saques raros, cada uno juega como puede y lo importante es que vaya al otro lado con la mejor precisión y potencia posible.

El propio Nadal empezó de niño jugando a dos manos por ambos lados.

Él es diestro, pero al tenis juega de zurdo. Creo que Moyá era zurdo y por una rotura de brazo empezó a jugar con la derecha.

Llega a la final Roland Garros en 1994, muy joven.

El año anterior había ganado en Sao Paulo mi primer título, y quizá la explosión más grande fue la de Niza, donde gané a dos “top 10” [Edberg y Courier] y donde realmente estaba jugando muy bien. También jugué la final en Bolonia. Llegué demasiado joven quizá a París, para mi gusto, pero con muchísima confianza para coger experiencia de cara a poder hacer un buen papel en años posteriores. Pero empezó ese Roland Garros, no tienes nada que perder, yo tenía 21 años… Mi gran problema en el tenis eran los calambres y justamente en ese Roland Garros tuve alguna retirada…

¿Se acuerda de los partidos?

Más o menos. Ferreira, retirada; Piolin; Frana…

Kafelnikov antes…

Kafelnikov; Frana se me retira en el tercero; Ivanisevic; Larsson y Bruguera… A veces me vienen a la cabeza momentos, puntos y situaciones dentro y fuera de la pista, porque al final son momentos únicos que se viven. Son momentos muy bonitos, incluso del día que perdí con Sergi no se me vienen momentos malos, se me vienen momentos más curiosos, del día de la final e incluso después. La viví con alegría porque como no me lo esperaba, y teniendo 21 años, pues piensas: “Ya tendré más oportunidades”.

Cuente alguno de esos recuerdos

Sobre todo antes de empezar, lo típico es estar nervioso, la pista central llena, primera final española de todos los tiempos, en la grada habían venido muchísimos familiares, encima en los Grand Slams después de cada partido tienes un día de descanso o dos, y esos días te pasan muchas cosas por la cabeza, son muchas novedades. Y luego me dijeron que venían los Reyes de España y quizá estaba más nervioso por eso, por cómo tenía que saludar, sobre todo a la reina, que al rey es un poco más campechano y sabía cómo tenía que hacerlo. Recuerdo que a Manolo Santana, que era el que iba a bajar a pista a entregarnos el trofeo, le pregunté: “¿Cómo tengo que saludar a la reina, que tú has estado en estas situaciones? Y él me dijo: “Pues tú le coges la mano y le das un beso en la mano”. Yo no lo había vivido nunca, con 21 años.

[[QUOTE:PULL|||”Cogí la mano a la Reina, como me dijo Manolo Santana, y la quitó. Me sentí un poco avergonzado”]]

Y…

Cuando llegó el momento le cogí la mano como me había dicho Manolo, y ella me la retiró, me sentí un poco avergonzado. Pensé: “Manolo…”

Como si no tuviera bastante con la presión propia del partido…

Yo estaba más nervioso por eso que por el partido. El partido podía ganarlo o perderlo, pero sabía que lo iba a hacer bien porque estaba preparado y con mucha confianza, y así fue: perdí, el partido fue a cuatro sets, sé que di un buen nivel, pero Sergi en aquel entonces era superior a mí, en tierra batida sobre todo. Él era un poco el Rafa del momento en tierra batida.

Habían jugado unas semanas antes en Montecarlo, y después de que usted le ganara el primer set, llegó un 6-0 y 6-0.

Los problemas de calambres que te decía. El primer set fue tan duro, tan duro, que después de ese set recuerdo que fui al baño porque empezaron los calambres. Jugamos al mediodía, hacía mucho calor, y en el segundo set no sé si íbamos 2-0 o 3-0 y ya estaba acalambradísimo. Podía haber optado por retirarme, pero no me gustaba retirarme. Me pasó también después de ese partido en bastantes ocasiones, muchas veces que me cogieron calambres, sobre todo en París, y no me retiraba nunca.

¿Nunca le miraron por qué era?

Al final varias cosas: alimentación, hidratación, estiramientos… Tampoco yo era el más disciplinado del mundo después de un partido ni en aquel momento teníamos detrás gente tan profesional en temas de alimentación… Es verdad que llevábamos preparador físico, pero entre una cosa y otra yo me acalambraba. Tenía también una forma de jugar que intentaba cubrir el revés y pegar todo de derecha y eso me hacía correr casi el doble que los demás. Entre una cosa y otra, más los nervios, cuando hacía calor y pasaba una hora y media o dos horas, si el partido era muy duro, me empezaban a aparecer los calambres. Me sigue pasando…

¿Sí?

Y ahora más rápido, porque ya no estoy en forma. Es una cosa también genética.

[[QUOTE:PULL|||”Los calambres empezaban por la pierna izquierda, luego la derecha, gemelos, y se me acalambraban hasta los dedos de las manos”]]

¿En la final de Roland Garros le pasó?

Sí, en el tercer set ya estaba acalambrado. Lo gané, pero empezaba a notar los calambres y una vez empiezan, cuando tienes tanto partido por delante es imposible. Me había pasado muchas veces en partidos a tres sets ya al final del tercero, partidos igualados, y ahí lo luchas, te juegas las bolas, y a veces te sale bien o te sale mal, pero cuando queda mucho partido por delante, lo único que puede ocurrir es que vayan a más y a más, como me pasó en una ocasión en Niza, después del año que gané, con Albert Costa, que me tuvieron que llevar al hospital. Yo siempre empezaba por la pierna izquierda, luego la derecha, gemelos, y se me acalambraban hasta los dedos de las manos. Son calambres, al día siguiente estás dolorido, pero bien, puedes competir, es como si tuvieras agujetas, pero en ese momento es como cuando se te sube el gemelo durmiendo.

¿Se llevaba y se lleva bien con Sergi?

Sí, nos llevábamos bien. Ahora incluso nos vemos más. Entonces nos veíamos porque jugábamos el mismo circuito. Nos llevábamos bien, habíamos coincidido en varias eliminatorias de Copa Davis, lo que pasa es que él hacía como una vida familiar, es un poco más mayor, se relacionaba más con Carlos Costa, Carbonell; y yo más con Álex, Albert Costa.

Y habréis comentado alguna vez la final del 94…

Sí, sí. Él me hace bromas y yo le digo que le dejé ganar. Quedamos muchas veces para jugar a pádel, y si me saca lo de la final le cambio de tema.

¿Cómo fue gestionando el paso de las victorias?

Estaba con confianza, llegaba de Bolonia de perder la final con Javier Sánchez Vicario. Llegaba súper en forma y yo sabía que partidos a cinco sets, si me querían ganar tenían que ser jugadores muy, muy, muy de tierra. Es verdad que varios de los que me fueron tocando eran más de rápida. Además, Roland Garros a nivel tenístico siempre me iba bien, porque la velocidad de la bola con que se juega en París me venía muy bien, la pelota me encantaba y no sé por qué la sensación de la tierra… Dentro del circuito de tierra hay diferentes texturas de tierra, y Roland Garros tiene una tipo la de Montecarlo, incluso mejorada, que me encantaba. Se me adecuaba muy bien a mi juego. Normalmente siempre jugaba bien allí, es verdad que no he hecho otros grandes resultados prácticamente por culpa de los calambres, porque se me complicaba algún partido y una vez se te complican esos partidos a cinco sets ya vas trampeando… Recuerdo uno con Hrbaty, un checo. Y partidos muy duros que iba dos sets a cero ganando, me llegaban los calambres y a perder en cinco sets. Me pasó dos o tres años eso. Quizá hubiera podido llegar más lejos de lo que llegué después, quizá no también. En cualquier caso siempre me gustó jugar en Roland Garros. Es que llegaba y veía hasta las pistas más grandes para mí.

¿Hubo fiesta después de la final?

Justo después había una recepción en la Embajada española en París donde iba el campeón, pero yo como finalista al ser español también estaba invitado. Fueron los Reyes también, había autoridades, recuerdo que estaba Inés Sastre, y había varias actrices o modelos. Al final son flashes y recuerdos, es como si me hubiera cambiado un poco la vida de la noche a la mañana. Yo no estaba acostumbrado y todo aquello como que me abrumó un poco. Al principio me costó asimilarlo. No ese año, porque ya venía todo rodado y yo venía jugando muy bien, gané siete títulos ese año y dos finales, incluida la de París, pero sí que al año siguiente es cuando me costó más. Es cuando tenía que defender todo lo que había conseguido el año anterior y se me hizo un poco montaña. Antes llegaba a los torneos y era el desconocido y si perdías no pasaba nada y al año siguiente me daba la sensación, a mí al menos, de que si no estaba en las rondas finales la gente decía “bueno, esto ha sido cosa de un año”. Me costó asimilarlo. Es verdad que los años posteriores no fueron como ese 94, pero tampoco fueron malos.

Antes se podía jugar casi todo el año en tierra.

Había muchos más torneos en tierra y te contaban los 14 mejores para el ranking. Hoy ha cambiado el sistema de puntuación y la pista rápida se ha ido imponiendo. Es verdad que tenemos tres grandes Masters 1.000 como Madrid, Roma y Montecarlo, pero hay muchos torneos intermedios que han ido perdiendo la categoría o han dejado de hacerlos. Quizá se premia un poco más al jugador de rápida, quizá influenciado, yo creo, por Estados Unidos, que hasta ahora siempre había sido el gran propulsor del tenis.

Y ahora se juega igual en todas las superficies…

Sí, pero también es verdad que antes las pistas rápidas eran mucho más rápidas, sobre todo la cubierta. Se jugaba en moqueta y la moqueta es como la hierba, por así decirlo, como que resbala y no bota hacia arriba, y eso a los grandes sacadores o al que juega muy recto le beneficia. Hoy en día las pistas rápidas, no todas son iguales, pero hay muchas en las que se puede jugar bien de fondo, la pelota bota bien, con altura suficiente… La mayoría yo creo que se juega en GreenSet, que es la marca de Javier Sánchez Vicario, y es como un aglomerado que ralentiza un poco la pelota y se ve más tenis. Antiguamente eran muy rápidas. Incluso en Wimbledon, en nuestra época era un tipo de hierba y quisieron hacerlo un poco más lento y cambiaron la hierba. Tenía oído, no sé si es verdad, que la querían hacer otra vez un poco más rápido, pero no dan con aquella hierba de antes. Hasta Wimbledon se convirtió en un pelo más lento, siendo todo lo rápido que es.

[[QUOTE:PULL|||”Llegué al Masters y sólo jugaba en tierra. A veces me da por pensar que se cambiaron las normas por mí”]]

Hasta 1997 no juega el Open de Australia.

Sí, porque antes, ya te digo, la puntuación era diferente, tú no ibas a un Grand Slam y no pasaba nada, entonces cambió el sistema de ranking de la ATP y ahora estás obligado a jugar los Grand Slams y los Masters 1.000, si entras dentro por ranking; antes jugabas los que querías y te contaban los 14 mejores y eso al jugador que jugaba mejor en una superficie… Me podía montar mi calendario basado en la tierra batida y si lo hacía muy bien me iba mejor de ranking. A veces, a veces, eh, pensando, me da la sensación de que esa norma se cambia un poco por mi culpa. Porque yo conseguí llegar al Masters, con los mejores ocho, jugando prácticamente en tierra batida, yo no iba a Wimbledon porque no se adecuaba a mi forma de jugar, intentaba evitar los torneos de pista cubierta, y básicamente me dedicaba a jugar todo lo que pudiera en tierra. No me digas por qué, pero a partir de ese año empezaron a cambiar muchas cosas y empezaron a premiar más al que jugaba en todo tipo de superficies, pero sobre todo a los que jugaban en pista rápida.

Después tuvo su momento en Australia (cuartos de final en 1998).

Sí, sí. Al final es verdad que en esos años que yo estaba entrenando en Barcelona de cadete, nosotros entrenábamos el noventa y cinco por ciento de los días en tierra batida. Cuando yo llegué a Barcelona no había pistas cubiertas, pistas rápidas había, pero no entrenábamos mucho en ellas. Poco a poco, y con los cambios que estaba habiendo en la ATP, se fue mejorando, hasta el día de hoy que los tenistas españoles ganan en todo tipo de superficies. En aquel entonces, incluso al mismo Bruguera le costaba jugar en pista rápida.

Una vez Sergi dijo que lo de Wimbledon no es tenis.

Es un poco la mentalidad que teníamos por aquel entonces, que pistas muy rápidas nos costaba, no estábamos acostumbrados, y era un poco culpa nuestra por no intentar mejorar allí donde podíamos hacerlo. De hecho, nos pusimos y yo prácticamente que no entrenaba nunca en rápida, al final acabé haciendo algún resultado decente, como el de Australia, unos cuartos de final en Indian Wells… Aprendí a jugar en pista rápida.

Se retiró joven. ¿Fue por los calambres?

No fue por eso, pero ayudó. Fue más porque fui perdiendo el ranking, mi estabilidad emocional, por así decirlo, no fue buena. Bajé del “top 100” y tenía que volver por donde había empezado, volver a jugar Challengers, y ese paso me costó mucho. Lo conseguí dar yo creo que en el año 99, y acabé el año el ciento y poco, y jugando muy bien, disputé una final en Argentina contra Coria, que perdí, pero con muy buen nivel. Justo después me tuve que operar de unas hernias inguinales, tuve que parar, se me complicó un poco porque intenté volver antes de la recuperación, y tuve que estar más tiempo parado del que me hubiera tocado, tuve que estar dos o tres meses, y volví y otra vez me costó un montón recuperar el tenis, la confianza. Perdí unos cuantos partidos seguidos, no terminaba de arrancar, y lo dejé. No fue la mejor decisión que tomé, a veces me arrepiento, pero la tomé.

 

¿Recuerda algún partido en especial?

Aparte de los de París, que fueron todos buenos, incluso la final habiéndola perdido, quizá el que más recuerdo fue el de Agassi en octavos de Australia. Recuerdo que al yo clasificar para el Masters de Frankfurt él fue uno de los que criticó que cómo un jugador sólo de tierra podía llegar al Masters, que eso no podía ser, que tenían que cambiar las cosas, y eso se te queda en la cabeza, más viniendo de Agassi; y yo consigo ganarle en la pista central y cuando me da la mano, me dice: “Has mejorado mucho en pista rápida…”. Y yo pensaba: “Sí, sí, has mejorado mucho…”. Y recuerdo también que a la entrada en la pista central, él estaba con Brooke Shields en ese momento, y estábamos en el túnel de salida de esa pista central de Melbourne, y se estaban riendo, ji, ji, ja, ja, y yo estaba ahí solito con mis raquetas. Y le dijo, recuerdo, le dijo: “A ver si acabas rápido el partido y vamos a cenar”. Era el turno de noche de las ocho. Y tres horas y media más tarde, me la encuentro en el mismo sitio llorando y consolando a Agassi.