Milei yerra con una ofensa injustificable

Milei yerra con una ofensa injustificable

Las relaciones entre países hermanos, y en realidad entre todas las naciones del mundo que tienen vínculos diplomáticos normalizados y, por tanto, sujetos a las reglas que rigen el buen uso de la acción exterior en la comunidad de naciones, deben estar amparadas por el respeto mutuo y al margen, por supuesto, de los personalismos y las contiendas o disputas partidarias e ideológicas que tienen que estar reservadas para los actores de la política doméstica. Javier Milei, presidente de Argentina, se olvidó ayer de todo ello y atropelló gravemente las más elementales normas de la cortesía internacional durante su intervención en un acto político de Vox convertido en un acontecimiento central de la campaña de las elecciones europeas, al que fueron invitados líderes conservadores como Víctor Orban o Giorgia Meloni, entre otros. El presidente argentino pudo haberse evitado la referencia personal a la esposa del presidente del Gobierno pues, entre otras razones, resultaba del todo innecesaria y por lo demás irrelevante en cuanto al papel que se le presupone a los políticos foráneos en actos de campaña nacionales, pero sobre todo respecto del mensaje político e ideológico contra la izquierda, el socialismo, y su discurso y propuestas. El ataque a Begoña Gómez y al propio Pedro Sánchez por tener, textualmente «una mujer corrupta», en referencia a la causa abierta en un juzgado, fue una ofensa injustificable en el caso de un jefe de estado, que alimentó la crisis de confianza actual entre nuestras naciones alimentada de manera también torpe y desabrida desde Madrid. Milei se equivocó de manera rotunda al actuar como juez y jurado contra la institución de la Presidencia que a todos los españoles nos representa y nos concierne, nos guste más o menos la persona que la encarna en cada tiempo histórico. Es público y notorio que este periódico es sumamente crítico con las políticas promovidas por Pedro Sánchez, pero eso no obsta para que entendamos en todos los casos que la crítica a la acción de gobierno y de partido debe resultar compatible con un mínimo respeto a las reglas más básicas de la convivencia y de la legítima contienda y discrepancia entre visiones antagónicas. La coexistencia en democracia, en el estado de derecho, se encuentra regida por cánones y códigos que establecen los cauces adecuados para depurar conductas hasta llegar a la verdad judicial. A la esposa del presidente del Gobierno, inmersa en una investigación, le asiste, por supuesto, el derecho a la presunción de inocencia como a todos los españoles, ese que Milei violentó con formas y fondo que pudo y debió evitar. España y Argentina son naciones hermanas y aliadas y preservar todos los lazos que nos unen debe ser un objetivo preferente de todos aquellos con responsabilidades públicas e institucionales.