Paula Anta: «Lo más importante es tener libertad creativa»

Paula Anta: «Lo más importante es tener libertad creativa»

Recuerda sus dos primeras cámaras, una analógica y una polaroid, y las capturas iniciales. También una forma de fotografiar que dice haber mantenido hasta ahora. La aprendió, sin saberlo, en el trascurso diario al colegio que le obligaba a atravesar el Parque de El Retiro, allá por los noventa. «Durante todo un año estuve capturando de manera obsesiva los mismos puntos del parque y los cambios que ocurrían en ellos con las estaciones», cuenta a este periódico, Paula Anta (Madrid, 1977).

Las volvió a ver tiempo después y reconoce que algo de intención tenían; no era solo disparar por disparar. Pero ni entonces, ni la primera vez que se centró en la naturaleza, supo que convertiría en el tema principal de su obra. Fue en un viaje a Noruega con su madre y su cámara analógica de formato medio, cuando comenzó su primera serie de jardines botánicos por todo el norte de Europa. «Me interesaba hablar de esa naturaleza artificial, que crean los hombres y se puede decir que ahí arrancó mi relación con lo natural y lo artificial». Ha mantenido esa línea temática en su obra, pero planteándola desde distintas perspectivas. «Hablo mucho de la relación entre lo natural y lo artificial no como opuestos, sino que se alimentan el uno del otro. Lo artificial necesita de lo artificial como modelo para su existencia. Nos agarramos a lo artificial para sentir más cerca lo natural, de lo que nos estamos alejando», afirma.

A partir de ahí, realiza distintas series bastante libres, pero de lugares muy concretos. En Corea fotografió tiendas de plantas artificiales y en Senegal llevó a cabo un proyecto que combinó con esculturas que se encontraba o que ella misma creaba. «Me doy mucha libertad, no me gusta hacer siempre lo mismo, me moriría como artista. Una de las cosas más importantes para mí es tener libertad creativa. Un artista encasillado o que siempre se repite, pierde valor. Debemos seguir experimentando, renovándonos, probando…».

Nos atiende horas antes de firmar en la Feria del Libro su última publicación, «Series». Un libro en el que recoge algunas de las instantáneas en sus últimos 20 años de trayectoria. «Ha sido una revisión de todo mi trabajo. He podido ir viendo que series se han mantenido y completar otras que igual por prisas, inexperiencia o incluso por dinero, no hice en su día». También le ha ayudado a reconocer un punto de inflexión en su carrera, «Khamekaye», un proyecto en Senegal que le marcó especialmente. «Fotografié una serie de estructuras que se encuentran en el litoral que va desde Dakar a Sant-Luis. Es una zona en la que se han ido formando pequeñas poblaciones y para ubicarse construyen con troncos y basura que devuelve el mar estas estructuras para orientarse». Un proyecto muy completo que le marcó por aunar la fotografía documental y artística, escultura, cultura y medio ambiente.

Desde entonces, su discursó cambió: «Siempre he trabajado con naturaleza pero no tenía un discurso demasiado ecologista, aunque lo fuese personalmente. Sin embargo, en los últimos años, se ha ido cada vez más en esa dirección, de manera natural». Ha vuelto a África en varias ocasiones y recientemente, ha estado en Costa de Marfil. El resultado de este último viaje puede verse en Casa de África (Gran Canaria) y ha sido posible gracias a la Embajada de España en Costa de Marfil y la plataforma «Cómo ser fotógrafa», con la que buscan abrir camino a las mujeres en estos países. «Yo estoy acostumbrada a viajar, pero hay muchas compañeras que tienen miedo de hacerlo o se sienten desprotegidas», explica.

En una profesión –como tantas otras– masculinizada, la desigualdad profesional les impulsó a este grupo de mujeres a crearla. «Nos hemos visto claramente por debajo en muchas cosas; no a nivel de profesionalidad, calidad o de ganas pero sí de oportunidades». Pero no es este el único problema que presenta el sector cultural, también el económico. «Yo soy consciente de que soy una privilegiada porque puedo vivir de ello, pero somos muy pocos los afortunados. Ahora puedo elegir dar cursos y clases, porque me apasiona, pero hubo un tiempo en el que tuve que hacerlo por obligación. Los jóvenes lo tienen muy complicado pero confío en el entusiasmo y el talento que veo en las clases, están muchos más preparados y tienen bastantes más oportunidades que las que existían cuando yo empecé».

Desde hace algo más de cuatro años, Pictura, en el Mandarín Oriental Ritz Madrid (Plaza de la Lealtad, 5), acoge de forma permanente una docena de retratos a un grupo de artistas de distintas disciplinas artísticas que conforman la cultura española actual. Un proyecto que la artista madrileña inició para luchar contra su timidez, pero que ha convertido en todo un homenaje a aquellos artistas que han hecho historia y que por desgracia, en muchas ocasiones, no les ponemos cara. Aquí el nuestro, a la premiada fotógrafa, con retrato incluido.