La tolerancia multicultural, esa forma de ‘apartheid light’

La tolerancia multicultural, esa forma de ‘apartheid light’

¿Qué hacer con toda la cháchara sobre la integración y el multiculturalismo? En la Europa Occidental, los políticos llevan décadas ocupándose de las políticas de integración, sobre todo en el Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Bélgica y Escandinavia. La cuestión ha sido motivo de acalorados debates desde 1980, y ha enfrentado a los que están a favor de unas políticas multiculturales que animen a las minorías a potenciar su propia identidad y cultura, con aquellos que enfatizan la necesidad de que los inmigrantes “encajen” y se adapten, y les atribuyen a ellos mismos la responsabilidad de hacerlo. Siempre se ha tratado, fundamentalmente, de un debate ideológico, que tiene más que ver con el “nosotros” que con el “ellos”, y con qué hacer con los desafíos que la inmigración plantea a la manera que las sociedades tienen de verse y definirse a sí mismas. La inmigración siempre ha sido un asunto emocional; es la manifestación más concreta de los cambios que experimentan las sociedades y el mundo. Los inmigrantes encarnan ese cambio, y si tiene lugar deprisa, inevitablemente genera resistencia entre algunos grupos de autóctonos, al menos inicialmente. Es así porque la inmigración parece desafiar no solo unas maneras establecidas de vivir, sino también la identidad de las sociedades de destino.

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