Tremenda voltereta de Tomás Rufo en Las Ventas

Tremenda voltereta de Tomás Rufo en Las Ventas

Sergio Blasco y Fernando Sánchez se desmonteraron tras lucirse en banderillas con el tercero. Tomás Rufo se echó de rodillas y lo hizo de verdad. El de Victoriano acudió muy despacio al engaño y aguantar ahí debió ser parecido a transitar el infierno. No se inmutó. No hubo un ademán ningún gesto. Fue bonito, templado y despacioso. Comenzaba la faena, los primeros compases con la diestra cuando el toro se lo echó a los lomos y de una manera muy fea. En una misma voltereta lo pasó por encima, le dio la vuelta. Pensamos lo peor. Tal cual se deshizo de él lo asistieron los peones para llevarlo a la enfermería, pero de camino, pararon en seco y Rufo volvió a la escena. A la cara del toro, por el zurdo, firme y sincero y con el corazón de Madrid en la mano. Fue por eso que tras la estocada, que fue media, pero arriba y efectiva, cortó una oreja. La oreja de la emoción del miedo y su firmeza. La paseó feliz, aunque el cuerpo en unas horas, igual lo tiene molido. La suerte ha sido infinita.

El día después de San Isidro se conmemoraba la muerte de Joselito El Gallo. Por eso el minuto (o mini) de silencio y quizá por eso también que se haya elegido esta fecha para conmemorar el día Internacional de las Tauromaquia. Se celebró a plaza llena. Un “No hay billetes” que en Madrid es maravilla. Esa plaza llena debe pesar como una losa, sobre todo en los hombros de los tres espadas anunciados. Para lo bueno y lo malo Madrid es el lugar que roba el sueño y donde se pueden hacer gigantes a la luz del día. También la plaza más difícil y desagradable. Lo vivimos nada más salir el primero, al que faltaba remate y ya eso condicionó toda la puesta en escena. Hubo algunas protestas y Castella no acabó de centrarse con un toro paradote. El primer pinchazo se le fue abajo. (Tónica de la feria).

Apretó el segundo en el capote hasta poner en apuros a José María Manzanares en el saludo capotero. Fue lo mismo que hizo a Rufo en el quite. El toro puso después la cara abajo y empujó en el engaño del alicantino. Había toro y había interés. Bueno fue el comienzo de faena de Manzanares. Lo vistió bien. Otras irregularidades a la hora de la verdad vinieron. Las probaturas de siempre y entre una cosa y la otra: tres buenos porque compone bien y lo hace bonito y el empaque lo tiene como algo innato. Hubo alguna tanda que quería ser y sobre todo, que podía ser. Al natural dio la mono serie de turno, de poner la X y cuando volvía por la diestra la aventura era liviana: algún muletazo bonito entre el barullo de esa tendencia suya de esconderse detrás. Quiso matar recibiendo y dejó media. Eso sí la media arriba. Se le pidió el trofeo no concedido y salió a saludar.

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