¿Quién era el Cardenal-Infante y por qué sus victorias se han olvidado?

¿Quién era el Cardenal-Infante y por qué sus victorias se han olvidado?

Tras haber aplastado a los suecos, el Cardenal-Infante don Fernando de Austria se hizo cargo del Ejército de Flandes para detener a Holanda en el norte y enfrentarse a Francia, en el sur, que acababa de entrar en guerra. Fernando defendió nuestras posesiones como si de una gigante fortaleza asediada se tratara, aislado y con limitados recursos de Madrid, obteniendo una serie de grandes victorias como en Lovaina, Kallo y Saint Omer, y llegando a amenazar París y el corazón de Holanda. Pero todo acabó cuando el Camino Español fue cortado definitivamente en Alsacia y la posición del Cardenal- Infante pasó a ser desesperada.

En otoño de 1634 don Fernando de Austria llegó a Bruselas cubierto de gloria y en la cúspide de su fama tras haberse abierto paso a la fuerza desde Italia a través de media Alemania y haber destruido al imparable ejército sueco en Nördlingen. De hecho, tras esta batalla decisiva, el curso de la Guerra de los 30 Años cambió por completo, y Richelieu, tras quince años de guerra fría con España, se decidió a intervenir en el conflicto formalmente. Don Fernando, hermano menor del rey de España, Felipe IV, así como de las reinas de Francia y Austria, estaba entroncado con las principales monarquías de la época, lo que le daba un gran valor por las conexiones diplomáticas que se podían abrir por su parentesco.

El origen de su apodo, el Cardenal-Infante, provenía de haber sido nombrado arzobispo y cardenal de Toledo con tan sólo 9 años, y ser a la vez un niño, e infante o príncipe de España. Sin embargo, como no había sido ordenado sacerdote en su vida privada no faltaron las mujeres y de hecho una de ellas le dio una hija ilegítima poco antes de su muerte en 1641. Su origen regio y su prestigio contribuyeron a hacerle muy apreciado en Flandes, lo que reforzó la vinculación de estos territorios con España. Con tan sólo 25 años, demostró ser un brillante comandante y administrador. Sabía manejar hábilmente a sus subordinados delegando en ellos muchas veces sus operaciones militares, y era un hombre flexible a quien no le importaba desafiar las instrucciones de Olivares si era necesario. De hecho, fue su gobierno lo que salvó Flandes para España del peligro que se avecinaba en 1635.

Victoria en Lovaina

Este año, los españoles apresaron al arzobispo de Tréveris, que era pro-francés. Con ello Richelieu obtuvo al fin su excusa para la guerra y organizó en Meziéres sendos cuerpos bajo Brezé y Chatillon de 26.000 franceses que invadieron Flandes desde el Luxemburgo. A la vez, otro ejército de 25.000 holandeses se estaba formando al nordeste bajo Fredrik Hendrik van Nassau (ver recuadro).

En medio, en Bruselas, el Cardenal-Infante concentraba sus tropas y para ganar tiempo envió al sur a contenerles al llamado Ejército de Westfalia, que estaba acantonado en Namur bajo Tommaso de Saboya. Tomasso a juzgar por los siete tercios que formaban su tropa apenas contaba con 9.000 españoles y no 15 o 25.000 como aseguran las fuentes francesas, de modo que poco podía hacer. A la altura de Avein o Avesnes, intentó atacar a uno de los cuerpos galos por separado, pero se encontró con la desagradable sorpresa de que ambos ejércitos franceses ya estaban unidos, de modo que fue derrotado gravemente con 4.000 bajas y huyó a Namur. Brezé y Chatillon entonces continuaron su marcha hasta el Mosa y a la altura de Maastricht, se unieron a los holandeses. Ahora con un grueso de 50.000 hombres avanzaron contra Bruselas, tomando y saqueando en julio Tienen o Tirlemont.

En todo caso, alimentar a tal masa de soldados en aquella época era un milagro y los franco-holandeses lo pagarían caro. De allí, los aliados marcharon a asaltar Lovaina, que estaba defendida por 4.000 españoles bajo Grobendonk, que además fueron reforzados por los entusiastas alumnos de su universidad, hecho que aún se conmemora. Mientras, el Cardenal-Infante recibió un cuerpo imperial de 7.000 alemanes (no 15.000) bajo Ottavio Piccolomini llegado desde el Rhin. Ya con 36.000 españoles en frente, los holandeses vieron que podían ser atrapados entre ellos y la guarnición de Lovaina, de modo que tras perder unos 12.000 hombres por peste y hambre se retiraron al Mosa, a Roermond, junto con 8.000 franceses de Brezé.

El cuerpo de Chatillon, prácticamente aniquilado, volvió a Francia como pudo. Entonces Fredrik Hendrik descubrió con horror que desde la fortaleza ibérica de Geldern, ya en Alemania, en su retaguardia, un ataque nocturno de 1.300 españoles tomó la impresionante plaza de Schenkenschans, 30 kms más al norte. Como esta plaza controlaba el cruce de tres ríos, el Rhin, el Mosa y el Waal, la barrera fluvial que protegía el corazón de Holanda desde hacía décadas quedaba por fin rota, y su territorio listo para la invasión. Don Fernando avanzó y quedó allí vigilando al neerlandés mientras despachaba diversos cuerpos para eliminar las plazas enemigas de su retaguardia, como Cleves y Limburgo, en octubre.

Con ello Maastricht, plaza bátava desde 1632 por la que se podía amenazar por el flanco los Países Bajos españoles, quedaba aislada de Holanda.

¡A París!

Sin embargo, antes de que el ejército de don Fernando estuviera listo para invadir Holanda, Fredrik Hendrik se adelantó y salió con 28.000 hombres en pleno invierno a amenazar Breda, a donde marchó el español. Con el grueso de ambos ejércitos distraídos, otro cuerpo menor bajo Willem van Nassau, en marzo de 1636 marchó al sur tomando Cleves, y después contramarchó para asediar Schenkenschans.

Una fuerza de 16.000 hispano-imperiales bajo Piccolomini intentó acudir al socorro, pero con el control de los ríos por parte holandesa quedaron insuministrados y no pudieron seguir avanzando, de modo que Willem logró rendir a los 1.500 españoles en abril. Con la defensa fluvial holandesa reestablecida in extremis, el Cardenal- Infante se decidió a atacar Paris en su lugar, en contra de las instrucciones de Madrid. El Ejército de Brabante del conde da Feira con 13.000 hombres quedó para vigilar a otros tantos holandeses que bajo Fredrik Hendrik amagaban hacia Breda.

En cuanto al ejército de invasión contra Francia de 30.000 hispano-imperiales bajo Tommaso, en lugar de avanzar en profundidad se dedicó a marchar en paralelo por la frontera flamenco-francesa para tomar todas las fortalezas enemigas de este a oeste. Así, aunque protegió su retaguardia y las vanguardias llegaron hasta Corbieamenazando París, perdió un tiempo vital que los franceses aprovecharon para reforzarse y la ofensiva se detuvo. Luis XIII reaccionó ejecutando por cobardía a todos los defensores de las plazas tomadas. La Force movilizó a las milicias de París, y otros cuerpos fueron levados por Chatillon y Gastón de Orleáns, tomando el mando éste por ser hermano

del rey, hasta sumar 42.000 franceses en la zona.

Ante tal despliegue, Tommaso, agotado, dio orden ya en septiembre de regresar a Flandes para acabar la campaña. Entonces Orleáns con 23.000 franceses avanzó hasta asediar Corbie, defendida por una fuerte guarnición de 3.500 españoles de Fuensaldaña. Entre el cansancio y las lluvias Tommaso tardó en reaccionar, así que Corbie cayó en noviembre. Además, por falta de coordinación, la ofensiva imperial que iba a producirse en paralelo desde Alemania sólo penetró en Francia en octubre, de modo que Richelieu pudo mover ahora sus tropas contra ella. Y la ofensiva sobre el Languedoc desde los Pirineos se pospuso para el año siguiente. Si estos esfuerzos hubieran sido coordinados y producidos a la vez en 1636, probablemente Francia se hubiera rendido.

La pérdida de Breda

En 1637 Fredrik Hendrik concentró 18.000 holandeses y tras desembarcar en Bergenop Zoon, al sur del estuario del Rhin, marchó por tierra a asediar Breda, al este.

El Cardenal-Infante tardó en congregar a sus tropas, que estaban dispersas por el sur vigilando a los franceses, en Flandes y Artois, y cuando juntó 17.000 españoles, las líneas de asedio del holandés ya estaban completadas. Por ello, don Fernando se planteó atacar otros sectores para forzarle a levantar el asedio. Con gran velocidad avanzó al Mosa, más al este, y tomó Venló y Roermond, dejando aún más aislada a la holandesa Maastricht.

Sin embargo, con Cambrai y Luxemburgo invadidos, el Cardenal-Infante hubo de partir urgentemente al sur, de modo que Fredrik Hendrik pudo terminar sus operaciones y rendir Breda y su guarnición de 3.500 españoles en octubre. Así, la joya de la ofensiva española de 1625 tomada por Spínola e inmortalizada por Velázquez volvía a manos holandesas al cabo de 12 años. Mientras, la campaña de Luxemburgo fue infructuosa para Francia, ya que Chatillon se enganchó en tomar una serie de pequeñas fortalezas como Dinant, siendo recuperadas algunas de ellas, como Ivoy, por fuerzas locales bajo Cantelmo. En el Cambresis, en cambio, La Valette en mayo partió de Rethel con 22.000 franceses, y tras amenazar Avesnes, a donde fueron las tropas españolas, finalmente cayó sobre Landrecies, que tomó en julio. Con el Cardenal-Infante concentrado al norte frente a los holandeses, este avance fue contenido por la llegada de 8.000 imperiales bajo Piccolomini desde Thionville.

No obstante, los franceses fueron reforzados con otro cuerpo bajo Candale en Maubege, de modo que Piccolomini se replegó a Mons. Allí el italiano fue reforzado por el propio don Fernando, y ya con 18.000 españoles, la ofensiva gala se detuvo. La Valette amenazó Avesnes, y hacia allá fue don Fernando, momento que el francés aprovechó para contramarchar con 15.000 soldados y caer sobre La Capelle, en Francia, resto de la invasión hispana de 1636. Tras rendir la plaza en septiembre, el francés hubo de volver a Flandes ya que don Fernando estaba atacando Maubege, defendida por 11.000 soldados de Candale. Este se salvó por los pelos pero hubo de abandonar la ciudad. Sin tiempo para descansar en invierno, don Fernando tuvo que volver a ausentarse para aplastar una revuelta pro-francesa en Lieja, su retaguardia.

Amberes en peligro

Para 1638, Richelieu planeó cuatro ofensivas simultáneamente. La primera y más grave fue la de Fredrik Hendrik, que concentró 21.000 holandeses en Voorne en junio y marchó a tomar Amberes y a intentar acabar con la guerra de una vez por todas. Al sur, Chatillon, con 21.000 franceses penetró en Flandes en mayo, desde Boulogne y avanzó hasta Saint Omer, al sur de Dunkerque, comenzando su asedio. A la vez, al sudeste, La Force quedó en Picardía con otro ejército de 12.000 soldados, e inició el asedio de Catelet, en Francia, que era otro resto español de la gran ofensiva de 1636.

Finalmente, más al este, otro ejército bajo Brezé, debía invadir el Luxemburgo y tomar Thionville. La situación de don Fernando era desesperada, ya que no tenía tropas suficientes para detener esta cuádruple invasión, de modo que tuvo que priorizar el teatro de Amberes, y ahí quedó con el grueso de sus tropas y un cuerpo imperial de Piccolomini, viendo la forma de derrotar a Fredrik Hendrik. Tommaso de Saboya protegería Dunkerque con apenas 10.000 españoles, y el resto quedaría a su suerte. La fortuna cambió cuando el ejército de Brezé se desvió para operar contra los imperiales en Lorena, y La Force se encontró con una resistencia tan brutal en Catelet que abandonó el asedio y marchó al norte a reforzar a Chatillon, que estaba atascado en Saint Omer.

Finalmente, en Amberes, el Cardenal-Infante, viendo que un cuerpo de 6.000 holandeses bajo Willem van Nassau había quedado separado del grueso holandés al otro lado del Escalda, organizó un ataque nocturno contra él, en Kallo: tres columnas españolas con 6 tercios bajo Cantelmo, Lede y Fuenclara forzaron el cruce de los diques que protegían sus posiciones y lo destrozaron causándole unas 3.500 bajas el 20 de junio. Tras la derrota, Fredrik Hendrik levantó el asedio de Amberes, y el Cardenal-Infante pudo enviar a Piccolomini en socorro de Saint Omer, derrotando allí Tomasso a los franceses (ver recuadro).

Sin embargo, La Force se unió a Chatillon, y Brezé, vuelto de Lorena, también se les incorporó. Todos juntos intentaron asediar Hesdin, la fortaleza más occidental de los Países Bajos desde la que se podía cortar Francia por Abbeville, pero Tommaso logró impedirlo. Los franceses se alejaron hacia el este, siguiendo la frontera, y lograron tomar Catelet antes de que Tommaso apareciese, ya en septiembre. En todo caso, Brezé quedó deshonrado por el fiasco de Hesdin y fue llevado preso a Francia. Mientras, Don Fernando había estado siguiendo a los holandeses tras su derrota de Kallo.

Fredrik Hendrik había marchado al este, a Alemania, e iniciado el asedio de Geldern con 16.000 soldados, para ir limpiando la zona de guarniciones españolas y salvar Maastricht, que seguía aislada entre ellas, pero Fernando rompió sus líneas y le hizo perder 1.000 hombres. Sin embargo, a pesar de las victorias españolas, la situación del Cardenal-Infante era desesperada: a finales de 1638 en el frente alemán, los franceses tomaron Breisach, junto a Suiza, y cortaron de una vez por todas el Camino Español, quedando Flandes aislada del resto del imperio de Felipe IV. Lo inevitable llegaría tres años después…